Cuba vuelve a las calles, como hace casi un siglo atrás

Las manifestaciones en Cuba este domingo han sido las más masivas, y extendidas por todo el país, de los últimos 90 años. Quizás desde la Huelga General de marzo de 1935, y sin duda desde las manifestaciones del 12 de agosto de 1933, semejante destape de sentimiento popular antigubernamental, no se había visto en esta Isla por casi un siglo. Recordemos que las luchas contra el Batistato, fueron en esencia obra de pequeños grupos de la población, sobre todo jóvenes de clase media, y que las masas no salieron a las calles sino cuando ya en esencia había ocurrido el triunfo de la vía armada.

Las manifestaciones han sido también muy diferentes de las de agosto de 1994. Si aquella vez su motivo fue la desilusión de las masas por no poder emigrar, ahora ha sido con claridad la exigencia de cambios de rumbos en la política del país, lo que ha sacado a las calles a jóvenes y no tan jóvenes en más de 47 ciudades, pueblos y barrios a lo largo y ancho de Cuba. El solo hecho de que las manifestaciones de 1994 ocurrieran en una ciudad costera, con casi todas las protestas concentradas a menos de 3 kilómetros del Malecón habanero, mientras que ahora hayan tenido lugar en poblaciones mediterráneas como San Antonio de los Baños, donde comenzó todo, o en Santa Clara, Remedios y Camagüey, e incluso en ciudades de la costa sur, como Santiago de Cuba o Guantánamo, nos habla a las claras del muy diferente carácter de ambas.  

Repita lo que repita el Dictador, Miguel Díaz-Canel, las manifestaciones han sido espontáneas, y nos han tomado a todos por sorpresa. Incluso más a la oposición al interior de la Isla, o en el Exilio, que al propio régimen, que ha demostrado tener un plan detallado de qué hacer, y lo ha puesto en práctica de inmediato.  

Las personas no salieron a la calle porque desde un laboratorio de guerra secreta en Miami los sugestionaran hipnóticamente en la creencia, falsa, de que tenemos carencias graves de medicamentos, comida, o electricidad. Lo hicieron porque tienen todas estas carencias, como lo demuestran las propias imágenes de saqueos transmitidas por el régimen, en que se ve a los asaltantes de tiendas cargar con comida, no con electrodomésticos. Pero lo hicieron también porque a la vez ya no creen ni en la capacidad del gobierno para resolver ese 80% de los problemas nuestros, que pueden ser resueltos por el país sin necesidad de que los Estados Unidos le levante el Embargo al régimen, ni mucho menos confían en su capacidad de negociar un mejoramiento de relaciones con nuestro vecino. 

Por ejemplo, los cubanos saben que Cuba posee al menos 2 millones y algo de hectáreas de tierra de muy buena, o buena calidad, con las cuales, y sus otros 4 millones de pastos y tierras de baja calidad, el país podría perfectamente alimentar a sus 11 millones de habitantes, aun con rendimientos anteriores a los de la Revolución Verde de mediados del siglo pasado. También muchos saben que las materias primas, los específicos, para la mayoría de los medicamentos hoy en falta en el país, resultan más baratos de comprar en la India que en los Estados Unidos, a pesar de la abismal diferencia de distancia a ambos mercados. Todo lo cual desacredita de manera evidente los reclamos del Dictador de que los principales problemas del país se deben al Embargo.

Otro punto significativo que ha llevado a las personas a la calle es la gestión por el régimen de la pandemia. En esencia las personas han salido a protestar contra un gobierno que gobierna con formas autoritarias, en el supuesto de que de ese modo al menos nos garantizará seguridad y salud; pero que se ha demostrado incapaz de dar lo que promete, sin que ello le impida seguir gobernando como cuando más o menos aseguraba algo a cambio.

Esto es lo que hay en el fondo de la indignación de muchos contra la gestión de la pandemia. Es cierto que en otros lugares han ocurrido los mismos colapsos del sistema de salud que en Cuba, lo que en ninguno de esos lugares se han impuesto las limitaciones de movimiento, los sacrificios, o las entregas que nos han impuesto en Cuba. Tampoco en ningún otro lugar que en Cuba, el gobierno criticó en sus medios públicos con la misma saña lo que ocurría en otros países, y en ningún otro, el gobierno se pasó meses legitimando su carácter excepcional, autoritario y centralista, en sus mejores resultados en el enfrentamiento a la pandemia. Era lógico esperar, por tanto, que si en algún momento ocurrían esos mismos colapsos en Cuba, las personas no demorarían en cuestionarse la legitimidad, y la utilidad para ellos, de un gobierno como el cubano.

En cuanto a la culpabilidad de “las campañas desde el exterior”, hay que dejar claro algo: ¿De qué exterior hablamos? Cuba es hace mucho una sociedad transnacional, y por ejemplo, la propia conexión a Internet de la absoluta mayoría de los cubanos isleños, esa herramienta que permitió que las protestas se extendieran en cuestión de minutos de un extremo al otro de la Isla, es pagada por familiares o amigos desde un “exterior”, que lo es con respecto a las fronteras físicas de la República, pero no con respecto a las sociales, o incluso espirituales.

Hay que entender hoy que la Nación Cubana está integrada por unidades familiares que van más allá de la familia nuclear típica en el mundo desarrollado, y de las costas de la Isla. En Cuba las economías familiares no están integradas solo por los padres y sus hijos menores. Aquí en las mismas participan a veces varias casas, varias generaciones, y grados de parentesco muy lejanos. Por ejemplo: una unidad familiar típica en Cuba puede estar integrada por los abuelos, el hijo que convive con ellos, su esposa y sus hijos, pero a su vez por los otros dos hijos de los abuelos emigrados, en España y Estados Unidos, o por la familia del hermano del abuelo, que tiene una finca, y que los surte de productos agrícolas, o de un joven que la abuela cuidaba de niño, y que ahora trabaja en una farmacia y les resuelve medicamentos… La unidad familiar típica cubana, es en extremo difusa y se extiende más allá de las fronteras políticas bajo control del régimen, y dentro de ella todos participan en la economía familiar. Por tanto, no esperar que dentro de la unidad familiar típica los componentes “extranjeros” no influyan políticamente en los “nacionales”, es tan iluso como esperar que una cucharada de azúcar no se diluya en el agua.

La única manera que tendría el régimen de impedir las “campañas desde el exterior”, es eliminar de las unidades familiares cubanas a sus componentes emigrados. O sea, volver a los años anteriores a 1978, o a los ochenta, cerrar internet, o crear una intranet, prohibir los contactos de los cubanos con los emigrados y renunciar a las remesas y al negociazo de ETECSA. Mientras no lo haga, las campañas sobre el origen “extranjero” de cualquier actividad antigubernamental en Cuba no son más que retórica vacía, que quizás confunda todavía a muchos… mas no se puede tener a todos engañados todo el tiempo. Las protestas espontáneas de este domingo marcan un antes y un después en este país. Algo que sin duda el Dictador y el régimen que él representa no entendieron. Su respuesta, la represión salvaje por parte de policías, militares y agentes de la Seguridad del Estado, así lo demuestran. Pero el pueblo ha salido a la calle, y cuando ello ocurre, es ya imposible volver atrás.

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