El verdadero anticomunista y antitotalitario.

De joven sobrevivió la Hungría ocupada por los Nazis y escapó a Londres una vez que los comunistas tomaron el poder. Estudiante de economía, tuvo como figura guía al importante filósofo Karl Popper, defensor del liberalismo y la democracia y enemigo del historicismo hegeliano/marxista,  autor de la obra maestra “La sociedad abierta y sus enemigos”. Una vez graduado, se convirtió en guru financiero en Wall Street, amansando miles de millones de dólares y convirtiéndose en uno de los hombres más ricos del mundo –un “self-made man” en la mejor tradición capitalista. Y no contento con descansar sobre sus laureles, ha donado la mayoría de su fortuna a su fundación, llamada Open Society (Sociedad Abierta) en honor a Popper, que se dedica a promover en más de cien países los valores democráticos y de gobierno responsable con los intereses de los ciudadanos. Este trabajo lo comenzó durante los años de la caída del campo socialista, donde fue instrumental en la transición a la democracia en varios de los países de Europa del este, financiando movimientos y partidos pro-democracia.

Esta biografía retrata la figura de un prócer del capitalismo y los valores democráticos, un hombre que la derecha conservadora debería celebrar como estandarte de todo lo que es posible dentro del capitalismo. Y sin embargo para la extrema derecha y los populistas autoritarios se ha convertido en el espectro conque le meten miedo a sus masas de seguidores. Su nombre es George Soros.

La raíz de porqué Soros le causa tanto miedo a los gobernantes autoritarios y a los demagogos nacionalista/populistas está en el concepto de sociedad abierta defendido por Popper: una sociedad en la cual los individuos –y no, famosamente, los “grandes hombres”– son dueños de su destino irrespectivamente de la historia que les antecede y son capaces de dirigir el rumbo de la sociedad sobre la base de sus intereses individuales, no de tribu o colectivistas. Popper rechaza los nacionalismos de corte patriotero y chovinista como un arma de gobiernos populistas o dogmáticos para perpetuarse en el poder. El gobierno de la sociedad abierta responde a los ciudadanos, promueve la crítica social como método de participación cívica y crea mecanismos para la transición ordenada en el poder, sin revoluciones ni golpes de estado. Exalta el humanitarismo como una condición natural del individuo en la que el bien común colectivo está intrínsicamente ligado al individual. Popper considera la transparencia, la tolerancia y la racionalidad como las guías fundamentales de la sociedad, negando el absolutismo y defendiendo la libertad de pensamiento y expresión. Y por último, la característica definitiva de la sociedad abierta de Popper es su defensa de la libertad. Mario Vargas Llosa, liberal clásico a toda prueba y enemigo del autoritarismo (y quien ha tenido diferencias políticas con Soros) ha llamado a Popper “el pensador más importante de nuestra época”.

Es sobre esta base, más intelectual que ideológica, que George Soros ha dedicado su enorme capital financiero a cambiar la sociedad y promover los valores de la sociedad abierta. Lo vemos en su trabajo pro-democracia en los 80 y 90 en países de Europa del Este, donde abrió oficinas que apoyaron entre otros al movimientos Solidaridad en Polonia y creó la Universidad Central Europea dedicada a formar una clase política comprometida con la democracia. Ese trabajo, definido por Soros como “la salvación de Europa” –salvación de caer nuevamente en el autoritarianismo genocida del facismo or el totalitarismo no menos genocida del comunismo– ha continuado por décadas.

¿Dónde radica entonces el origen de la crítica desde la extrema derecha a Soros, crítica que en la última década se ha convertido en irracional? Primero, en el intermacionalismo de Soros, que considera a las instituciones globales como garantía del respeto a la libertad. Este internacionalismo chocó prominentemente con el aislacionismo y unilateralismo de EEUU, especialmente durante el gobierno de GW Bush. Segundo por la emergencia de regímenes antidemocráticos como los de Putin en Rusia y Viktor Orban en Hungría, cuya propaganda usa a Soros como epítome de todos los peligros que según ellos amenazan a la pureza de la nación, particularmente la imigración y la fuga de trabajos. Y tercero, por las fantasías de corte antisemita que presentan a Soros como un judío multimillonario dedicado a dominar el mundo mediante la marginalización de la raza blanca (y aquí una vez más sale a relucir Popper, acérrimo crítico de lo que llamó “la teoría conspirativa de la sociedad” que cree que las sociedades están dirigidas desde la oscuridad por personajes u organizaciones poderosas, “con la eficacia de Dios”, que promueven el desorden público para tomar el poder.)

Así vemos que la demonización de George Soros tiene poco que ver con la realidad de su actuar político sino que es fruto de una teoría conspirativa paranoica al servicio de intereses autoritarios, que aúna el antisemitismo, la xenofobia, la demagogia nacionalista/populista y la supremacía blanca. Cualquier parecido con el trumpismo no es coincidencia. ¿Sorprende entonces que en EEUU los partidarios de Trump, especialmente manipuladores como Steve Bannon y Glenn Beck, hayan transplantado desde Europa al espectro de Soros como “el coco” que amenaza a la sociedad americana? ¿No es de esperar que lo usen para atacar blancos tan disímiles como el partido demócrata, el medioambientalismo de Greta Thurnberg o el supuesto sesgo ideológico de Facebook? ¿O calumnias como inventarle un pasado de militancia nazi –¡a un adolescente judío!– o su supuesto financiamiento de pederastas?

Los ideales de la sociedad abierta están en franca oposición a un Trump que usa la más baja retórica política para azuzar a su base contra el enemigo de turno, ya sean los imigrantes, sus opositores políticos o la prensa libre. Cuando se comparte desde la ignorancia o el temor un meme o una desinformación sobre Soros, se está denigrando a un hombre y una organización dedicados a eliminar los autoritarianismos y totalitarismos de cualquier signo. Y en particular los cubanos que lo hacen por lealtad ciega a un pseudocaudillo como Trump están traicionando los ideales democráticos que dicen haberlos impulsado a huir del comunismo. Están ayudando a crear un enemigo útil para justificar abusos de poder, tal y como lo hizo Fidel Castro por sesenta años.

(La foto es de parte de la campaña anti-Soros en la que el gobierno de Viktor Orban gastó más de cien millones de euros.)

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