La Casa Blanca y el brujito de Gulubú

Llevamos meses escuchando que el gobierno de Estados Unidos dice que ya la vacuna contra el COVID-19 está lista, que es cosa de unos días que todos estemos vacunados y es posible que votemos el día primero de noviembre con una boleta en la mano y un pinchazo de la vacuna en el hombro del brazo opuesto. El vocero principal de esta inmediatez de la vacuna es el propio Trump. En el último debate presidencial hace unos días, decía sin inmutarse a Kristen Welker, la moderadora de NBC: “Recibiremos la vacuna en semanas. Habrá anuncios. Muy recomendable”

Ya esta noticia de que una vacuna podría llegar antes de fin de año la había anunciado Trump hace un par de meses en su discurso en la Convención Nacional Republicana. No vamos a negar los esfuerzos del gobierno por tener una vacuna disponible lo antes posible, algo muy razonable si se sabe que hasta hoy no hay tratamiento efectivo ni cura para esta pandemia.

El gobierno ya ha presionado a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades para que notifiquen a los funcionarios de salud pública de los cincuenta estados y a cinco grandes ciudades que se preparen para distribuir una vacuna contra el coronavirus tan pronto como sea, quizás a finales de octubre o principios de noviembre. Los CDC lo han hecho con una guía donde aclara que su plan era hipotético y está basado en la necesidad de comenzar inmediatamente a organizar el gigantesco esfuerzo que se requeriría si la F.D.A. (Agencia Federal para la Administración de Alimentos y Medicamentos) permitiera el uso de una o dos vacunas este año.

Esta guía de los CDC aclaraba, además, que los profesionales de la salud serían los primeros en recibir el producto, junto con otros trabajadores esenciales y empleados de seguridad nacional. Las personas mayores de 65 años, así como los nativos americanos y las comunidades que corren un mayor riesgo de contraer el virus y complicarse serían los siguientes. Hace solo diez días, el 15 de octubre, los CDC dijeron que las vacunas contra el coronavirus no se recomiendan a los niños cuando estén disponibles por primera vez.

O sea, es muy difícil que podamos tener una vacuna para las elecciones, no está claro cuán segura pueda ser, y solo se le administrará a grupos de riesgo y no a los niños.

También el gobierno de Trump comenzó hace meses una iniciativa, la Operación WARP Speed, centrada en conseguir vacunas a través de ensayos clínicos en un tiempo récord y fabricarlas rápidamente. Pero nada se dice de vigilar la seguridad de las vacunas una vez que tengan un uso generalizado. El año pasado, la administración disolvió silenciosamente la única oficina con la experiencia para hacer exactamente este trabajo, fusionándola junto con la Oficina de Enfermedades Infecciosas y Política de VIH/SIDA. Desde los años ‘70 el gobierno de los Estados Unidos estableció programas a gran escala para monitorear la seguridad de las vacunas, y había un sistema para que los padres reportaran los síntomas que sus hijos experimentaban después de recibir una vacuna. De todo esto se ocupaba la oficina que fue eliminada.

O sea, se está haciendo un esfuerzo para tener cuanto antes una vacuna, pero se eliminó el sistema que ya existía para monitorear las posibles complicaciones de administrarla.

Seamos serios, no solo la OMS, los expertos en virología y vacunas a nivel mundial y los propios productores farmacéuticos han manifestado preocupación con el aceleramiento para producir una vacuna, sino que también han puesto en duda que alguna sea viable y segura a principio de año.

El Centro para el Desarrollo Global (CGD) es un think tank de expertos con sede en Washington D.C. que se dedica al desarrollo internacional con un enfoque en tecnología y ciencia. Hace un par de días se publicó una predicción sobre la vacuna para el COVID-19; en ella se utilizaba el modelado matemático y las opiniones de expertos para estimar los plazos y las probabilidades de éxito de las vacunas. Este modelo sugiere que existe un 50% de probabilidades de que a finales de abril de 2021 haya al menos una vacuna lo suficientemente segura y eficaz como para obtener la aprobación de las estrictas regulaciones definidas por la OMS. Para finales del 2021 esta probabilidad se elevaría al 85%. O sea, probablemente tomará más de un año producir suficientes dosis para vacunar a los profesionales de la salud a nivel mundial, y podría llegar septiembre del 2023 antes de que tengamos suficientes dosis para cubrir a toda la población mundial.

Como Estados Unidos, por decisión de Trump, ya no es parte de la OMS, pudiéramos pensar que la FDA (la agencia reguladora) podría ceder a las presiones de quienes le pagan, como han hecho en parte los de la CDC, que han dejado de reportar los datos de la pandemia y ahora todo pasa primero por la Casa Blanca. Pero para eso la división de poderes tiene a los legisladores; el 23 de octubre pasado una comisión bipartisana, presidida por Maggie Hassan, Senadora por New Hampshire, y Lisa Murkowski, Senadora por Alaska, han presentado la Ley de Autorización Segura para Vacunas durante Emergencias (SAVE) para asegurar que la FDA y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sigan medidas bien establecidas para que las vacunas contra el COVID-19 cumplan con estándares rigurosos en los que el público pueda confiar.

La famosa Fase 3 de los ensayos clínicos se inicia con grupos de población sana, y luego se aplica en grandes grupos de población general. En China y Rusia el último paso se traduce en que la “carne de experimento” son el ejército y la población directamente, y que pase lo que sea, o, como ya hemos escuchado respecto a los muertos: “It is what it is” (es lo que es).

El desafío monumental con respecto a la distribución de vacunas se centra en:

  1. La subvención federal y estatal para la distribución de vacunas con una salud pública que ha estado infra financiada durante mucho tiempo en los Estados Unidos, y una infraestructura de atención primaria incompleta al no existir cobertura de salud universal.
  2. El inmenso reto para distribuir potencialmente cientos de millones de dosis de vacunas contra el COVID-19 de manera rápida, efectiva y equitativa, lo que representa un esfuerzo logístico de salud pública a una escala no vista anteriormente en los Estados Unidos, incluyendo no solo una amplia red de sitios para la administración, sino la garantía de que se cumplan los requisitos de la cadena de frío y el seguimiento de la seguridad de las vacunas.
  3. La cobertura de seguro y costos de bolsillo. Aunque la Administración y el Congreso han tomado medidas para abordar este problema, incluida la compra anticipada de millones de dosis de candidatos vacunales para el COVID-19 y el establecimiento de requisitos legislativos para proporcionar las vacunas sin costo bajo seguros privados, Medicaid y Medicare, estas medidas están basadas en las protecciones existentes bajo la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA u Obamacare) y, si cancelan Obamacare el 10 de noviembre, me temo que veremos muchos seguros privados vendiendo las vacunas a precios privativos.
  4. Asegurar el acceso a aquellos, como los indo-americanos o la población negra, que ya han demostrado un riesgo mayor durante la pandemia, lo que ha incrementado aún más las disparidades raciales y étnicas.
  5. Educación sanitaria y promoción de salud que aumenten la confianza pública, muy deteriorada por los “conspiranoicos”, las noticias falsas y la información contraproducente de líderes como Trump.

Hace más de treinta años se hacía promoción a la campaña de vacunación en Cuba con un dibujo animado infantil basado en una canción de la gran poetisa y compositora de temas para niños María Elena Walsh que se llamaba El brujito de Gulubú. El brujito representaba a la enfermedad y la ignorancia, y la vacuna que traía el doctor era la cura. Confiemos que, a pesar del brujito de Gulubú de la Casa Blanca, nos llegue pronto el doctor manejando su cuatrimotor.

 

Fuentes:

Distribuir una vacuna COVID-19 en los EE. UU. – Una mirada a las cuestiones clave por Josh Michaud y Jennifer Kates. Publicado: Oct 20, 2020 en KFF

Carl Zimmer La administración Trump cerró una oficina de seguridad de vacunas el año pasado por Carl Zimmer Publicado NYT Octubre 23, 2020

Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades COVID 19 Sitio web https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/vaccines/faq.html

When Will We Have a COVID-19 Vaccine? Predictions, Analysis, and Questions Answered por Anthony McDonnell, Kalipso Chalkidou and Prashant Yadav. Publicado: Oct 1, 2020 en Center For Global Development.

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