La Virgen de la Caridad y los cubanos

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(…) un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud.

(…) es innata la reflexión del espíritu en un ser superior, aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente.

José Martí

Las historias de los pueblos se crean sobre la base de factores positivos y negativos que incidieron e inciden en su vida como grupo social. Los factores mencionados tienen diferente naturaleza, pueden ser económicos, políticos, sociales, culturales y religiosos. El padre Antonio Rodríguez afirmó en una conferencia impartida en el Convento de Santa Clara en 2016, que Cuba nació religiosa, cristiana y católica y explica que desde este hecho religioso es necesario hacer la historia de Cuba lo que permite interpretar al cubano de los cinco siglos que ya celebramos desde el sentimiento religioso que ha creado y vivido. En las prácticas religiosas católicas cubanas se encuentra, en primerísimo lugar, la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre.

En todos los países con influencias de la Iglesia Católica existen advocaciones de la Virgen María. Se pueden citar la Virgen de Guadalupe en México, Nuestra Señora de Knotenloserin en Alemania, Nuestra señora de los Dolores en Argentina, Nuestra Señora de la Concepción aparecida en Brasil, etc . Pero la Caridad es cubana, cubanísima. En 1920, Fernando Ortiz se acercó a un documento escrito por una norteamericana donde explicaba una teoría de que la Caridad cubana no era más que una imitación de la virgen de Illescas en España. El artículo se publicó y causó gran revuelo, y el canónico de la Catedral respondió contundentemente con un artículo que explicaba la naturalidad de la virgen y eludía toda teoría de su relación con la imagen mariana española. Se redirigió el párroco a documentos bibliográficos que recogen la historia de la aparición de la Santísima.

Cuentan que en el siglo XVII, en la bahía de Nipe, en la zona más oriental del país tres hombres salieron al mar y luego de una tormenta encontraron una imagen sobre una tabla donde se leía EL letrero: Yo soy la Virgen de la Caridad. Los hombres subieron a su embarcación la imagen y la llevaron a tierra firme donde se le erigió una ermita en la localidad del Cobre, lo que hoy se conoce como Santuario de la Caridad del Cobre.

Cuando se le reza a la Caridad se cree y se siente en el ámbito de Cuba. El amor a la Virgen de la Caridad y a Cuba son inseparables porque la devoción a la Santísima posee una carga sentimental, intelectiva y volitivas muy cubanas. Ninguna deidad o devoción católica asume lo que representa para Cuba la Caridad.

Examinar, estudiar e intentar entender la devoción masiva y popular de la Virgen de la Caridad del Cobre, implica definitivamente direccionar el camino, en un primer momento a hechos históricos del archipiélago, especialmente a los llamados procesos transculturales. Durante cinco siglos el culto a la Caridad ha funcionado como un factor de mediación simbólico más allá de diferencias étnicas o clases sociales. La poderosa influencia que posee sobre el cuerpo social en cuestión, incide en un ámbito muy extenso que va desde los aspectos más íntimos y personales (fertilidad, ciclo de la vida, desencuentros amorosos, salud, bienestar económico y prosperidad) hasta los más complejos relacionados con las jerarquías tanto a nivel político como eclesiástico.

Fue a partir de la Guerra de los Diez Años que la imagen de la Caridad del Cobre se convirtió en un referente central de una religión de unidad. Carlos Manuel de Céspedes, junto a sus hombres llegó hasta su santuario en el 68 para rendirle homenaje y pedirle su bendición ante la causa que estaban por librar. Antonio Maceo expresó en más de una ocasión que la Virgen Mambisa había peleado a su lado en la manigua. Calixto García, jefe del ejército Oriental, organizó una misa en 1898 como muestra de agradecimiento ante el triunfo de las tropas mambisas sobre el gobierno Español.

En 1915, en un documento fechado en la Villa del Cobre, los veteranos del Ejército Libertador pidieron a Benedicto XV que se declarara a la Virgen como Patrona de la República de Cuba a lo que el pontífice contestó afirmativamente en mayo de 1916.
La dimensión cúltica de la Caridad cambió radicalmente en un período de tres siglos pues, lo que primero fue una imagen marginal reverenciada y adorada por negros cobreros y mulatos de Santiago de Cuba se convirtió en un símbolo que integró a los diferentes estratos de la sociedad: madre de la nueva nación cubana, patrona oficial de la nueva república. Fue sin lugar a dudas una verdadera metamorfosis en la conciencia nacional. Luego, se entiende el rol que la imagen mariana ha cumplido en el imaginario colectivo de los cubanos, contribuyendo a desarrollar y afianzar la conciencia nacional de los cubanos, compartiendo propósitos de devoción más allá de diferencias sociales. Es válido y necesario puntualizar que este fenómeno no determina ni influye en la integración de las élites culturales.

Después del triunfo revolucionario se sucedieron una serie de acontecimientos que devinieron en la separación de la iglesia del proceso revolucionario que se había iniciado, de esta forma se declara Cuba como un estado laico.

El triunfo del 59 trajo consigo también lo que se denomina como “oleadas migratorias” y que se dividen en etapas según las situaciones y decretos políticos. Se pueden citar los éxodos masivos del 59 y el de Camarioca, seguido por los Vuelos de la Libertad, los Marielitos y los Balseros del 94. Esto permitió que el sur de la Florida (lugar donde se concentró la diáspora cubana) se viera fuertemente influenciado por las prácticas religiosas cubanas, es especial por la devoción a la Virgen. De esta forma, se construye en el 61 en Miami, la Ermita de la Caridad del Cobre en la localidad de Coconut Grove. Es una construcción que vista desde las afueras, asemeja la figura cónica invertida de la virgen. En el interior encontramos un mural de 747 pies donde plasmaron su obra varios artistas que han quedado en el anonimato, pero quien impulsó la obra es el artista Teok Carrasco. Aparecen en la pared 63 imágenes que representan figuras que intentan resumir la historia y religión de Cuba. En el centro aparece la imagen de la virgen con “el salvador” en brazos.

En Cuba, se levanta el Santuario de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba. Simplemente, una construcción maravillosa. Un sitio que para todo cubano debería ser como para los musulmanes la visita a la Meca. La instalación guarda celosa las miles de ofrendas que a diario llevan muchos cubanos en muestra de agradecimiento a la intersección de la Virgen. Cientos de títulos universitarios, guantes y pelotas del equipo Nacional de Beisbol, zapatillas de integrantes del Ballet Nacional de Cuba, piezas del ajuar de bebés que llegaron a este mundo con la bendición de la del Cobre, un cancionero con toda la producción musical de Silvio Rodríguez donde se distingue la dedicatoria que el autor le hace a la Virgen, una pieza del traje del primer cubano en llegar al cosmos, batas y títulos de medicina, copias de patentes de descubrimientos científicos, son muestras del poder transversal que tiene esta deidad en el pueblo y cultura cubana. Si bien el carácter laico del estado no permite que la Virgen sea un símbolo Nacional, en el imaginario de todos los cubanos, lo es hace más de 500 años.

Es inevitable hacer alusión al fenómeno del sincretismo entre la Virgen de la Caridad del Cobre y la deidad del panteón Yorubá: Oshún. Es esta una Osha de cabecera que en esta cultura representa la intensidad de los sentimientos y la espiritualidad, la sensualidad humana y todo lo relativo a ella, la delicadeza, finura, amor y la feminidad. Protectora de las mujeres embarazadas. Es una mujer bella, alegre, sensual, sonriente pero severa, sufrida y triste en su interior. Representa el rigor religioso y simboliza el castigo implacable. Es la única deidad de esta religión que llega a Olofin (máximo poder) para implorar por los seres en la tierra.

Así, es fácil encontrar las conexiones entre ambas deidades. Muchos cubanos llegan a los pies de los altares de la Caridad asumiendo que ella encierra también la esencia de Oshun.

La virgen es de los cubanos donde quiera que estén, dentro o fuera de Cuba. Ella no discrimina entre razas, poder económico, preferencia sexuales, idearios o posiciones políticas, la virgen perdona siempre y abre sus brazos y su manto azul o amarillo para acoger a sus hijos todos. Ella es de la científica que descubre la cura para una enfermedad y de la muchacha que decide para mal o para regular, dejar de estudiar, no trabajar y prostituirse, es del reo que “metió la pata” y está entre barrotes. Ella es de la madre del reo también, del hombre que quiso hacer más y mejor pero no pudo, de la que quiere salir en cinta aunque el “bata blanca” diga que ya no se puede. Ella fue, es y será del marielito, del balsero y del que se va pero se le queda algo en algún lugar, es de la que cocina, de la maestra, de la ministra, del que barre la calle, del que va en carro, del que pedalea en bicicleta y del que va a pie . Ella es nuestra. Es mía y tuya, y lo sabemos, desde siempre.

Fernando Ortiz declaró que la cubanía es la Cuba sentida y que la cubanidad es la Cuba pensada. Definitivamente, si todos sentimos a Cuba de una forma muy particular y diferente según nuestras experiencias, prácticas y presupuestos culturales, sin lugar para las dudas todos la pensamos de una forma diferente. Lo que sí queda más que claro es el hecho de que aunque sea, en un momento o en otro, siempre o esporádicamente, a gritos o en el silencio cómplice entre el alma y la sien, todos los días o en un momento de desesperación, con un nombre africano o con uno bien cubano, todos los cubanos, en algún momento de nuestra existencia, le hemos pedido el favor a la Virgencita de la Caridad del Cobre, tal vez, sin darnos cuenta.

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