Sin novedad en el Nóbel

Desde hace varios años las nominaciones para el Nóbel de la Paz han traído controversias. Pensemos en los casos de Barack Obama y Juan Manuel Santos. No menciono el de Aung San Su Kyi, donde la polémica ha venido mucho tiempo después de recibido el premio. Mayor ha sido el consenso con Malala. Ahora, con la nominación de Trump al Nóbel basada en el llamado Acuerdo del Siglo cuyo único fruto visible hasta ahora ha sido el establecimiento de relaciones diplomáticas entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel; muchos se preguntan, si Trump ha sido un defensor del aislacionismo y se retiró unilateralmente del acuerdo con Irán, por qué habría de ser reconocido con este premio. Quizás la pandemia sobrevenida en marzo evitó una guerra con Irán con motivo de la escalada de tensiones derivada a partir de la ruptura de aquel acuerdo. En medio de la sorpresa por la nominación, The Atlantic llamó no ya a dejar desierto el Nóbel de la Paz sino a abolirlo.

Esta nominación trajo a mi memoria el caso de Theodore Roosevelt, uno de los tres presidentes más polémicos de la época contemporánea norteamericana, el otro es Richard Nixon, el tercero Donald Trump. Roosevelt recibiría post mortem la medalla de la libertad por su temeraria participación en la guerra hispano-norteamericana, para lo que renunciaría al puesto de asistente del secretario de Marina. Su carrera política seria casi tan meteórica como la de Trump pues pasó de ser elegido gobernador de Nueva York a vicepresidente y de este último puesto a la presidencia en solo dos años. Claro, su participación en la guerra que sacaría a España de Cuba lo cubriría con una estela de gloria, de ahí que llegara a la vicepresidencia con tanta rapidez.

En la historiografía latinoamericana seria recordado como el presidente del “gran garrote”, responsable de la presión diplomática y militar que hizo posible la constitución del estado panameño. Su estilo autoritario llevaría a Bernard Shaw a compararlo con el emperador alemán. Sin embargo, un incidente internacional lo llevaría a recibir el premio Nóbel: la guerra ruso-japonesa. En aquel entonces Estados Unidos defendía la política de puertas abiertas en China por lo que no veía con agrado ni la preponderancia nipona ni la rusa en ese país. Después de una guerra desgastante de dos años para Rusia, la mediación de Roosevelt consigue que la paz se firme en Portsmouth en 1906. No importaba la política exterior de Roosevelt en América Latina, su gestión diplomática en el Lejano Oriente le consigió el Nobel. Menos de diez años despues estallaría la 1a Guerra Mundial, según la mayoria de los historiadores porque Rusia vio cerrada su expansión en Asia. Quizás menos presión de Roosevelt sobre Japón para negociar con Rusia hubiera logrado desgastar un poco mas al país euroasiático y haberlo obligado a reformas más profundas de su régimen político. Diez años después con el cierre de su expansión en Asia, Rusia lo intentaría en Europa bajo el manto del paneslavismo y el resultado sería la catástrofe. No siempre una paz pequeña obtiene el mejor resultado.

Si revisamos la historia, figuras como Henri Kissinger o Yasser Arafat muy alejadas del típico pacifismo han sido galardonadas por la Academia Sueca. Ha habido otras figuras de más acuerdo en merecer el reconocimiento como Woodrow Wilson, Albert Schweitzer,  John R. Moot, Martin Luther King, el Dalai Lama, Mijaíl Gorbachov, Nelson Mandela y James Carter. Algunos políticos de nuestro tiempo no lo recibieron. Pensemos en Angela Merkel que decidió acoger a un millón de refugiados sirios en 2014, año en que lo recibió Malala cuando aún no había cumplido los 17 años.  De manera que no hay que sorprenderse por la nominación de Trump.

Si es de recordar que en el 2013, cuando aún no era candidato presidencial, Trump cuestionó la propuesta de Obama de intervenir en Siria, pidiendo fuera discutida en el Congreso dominado entonces por los republicanos que la rechazó. No haber intervenido entonces trajo a ISIS a Siria y le ha dado mayor control a Rusia de este país. Dijo entonces que de necesitarse la intervencion, no acudiría al Congreso. Es como el Acuerdo del Siglo donde Jerusalén es al mismo tiempo, capital indivisible de Israel y su zona este, capital de Palestina. El candidato presidencial ruso Navalny que casi agoniza en Alemania, sería, de preguntárseme, mejor candidato al premio o Svetlana Alexiévich si no le hubieran dado ya el de Literatura o el excéntrico Elon Musk con sus camiones eléctricos que buscan reducir el impacto de los combustibles fósiles cuya escasez genera hambrunas y guerras. De cualquier manera es dificil encontrar alguien con la cultura y el humanismo de Albert Schweitzer en el mundo actual.

 

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