90 segundos en que se dijo todo…

Pueden intentar desacreditar a Ariel, pero qué pasa con la posibilidad de otros arieles…

Y si visita la embajada americana, ¿qué? y si pide apoyo diplomático, recursos y asesoría del gobierno americano, ¿qué? ¿No buscaron los cubanos apoyo en el gobierno soviético, cuando existía? ¿Qué esperan que haga la gente a quien se le impide hablar, cuando aspiran a un país propio y se les niega el derecho a elecciones libres, secretas y plurales? Por supuesto que se impone la solidaridad de otros pueblos, cuando se te niega el acceso al tuyo. Así la buscaron Varela, Martí y hasta el propio Fidel.

No se dan cuenta que ningún otro país (tal vez a excepción de Corea del Norte, o de la dictadura imaginaria de George Orwell), le dedica dos minutos de odio a un disidente político, en televisión nacional y sin criterios independientes, ni posibilidad de réplica. Los cubanos no lo notarán, embriagados de espíritu revolucionario, pero el resto del planeta sí.

Es imposible que toda idea de oposición sea un producto de la CIA, porque la oposición es un resultado político natural, inevitable, síntesis de nuevos intereses, aspiraciones, valores que se articulan en la dinámica de cualquier sociedad, sin que puedan ser micro manejados por decreto. Es dialéctico, por si esa palabra les resulta familiar. Un opositor puede ser terrible, otro puede ser corrupto, incluso un tercero puede ser agente del M16; pero no se puede descalificar la idea misma de oposición y, por lo tanto, hay que reconocer que es legítima.

Así como admitir que no hay oposición sin elecciones plurales, el gobierno no puede ser “juez y parte”, decidir cuál es la oposición buena y la oposición mala, para eso está el juicio del soberano, del pueblo. Ningún gobierno quiere ser sustituido y, por supuesto… todos pretenden ser la última verdad intelectual y moral; pero, qué es una propuesta política que no puede ser retada, sino un dogma, una religión…

Toda clase política envejece, sus soluciones se agotan y ya no se puede librar la última guerra, ni reproducir los métodos del pasado; es la entropía política. Son las elecciones plurales, con todas sus dificultades, las que garantizan la maquinaria del cambio y la evolución.

Y así regresamos al inicio, cómo vas a criticarle a un ciudadano, que busque el apoyo de otros países del mundo, cuando en el suyo le han dejado sin voz para dirigirse a su pueblo, sin voto, ni expectativas. Si no puede hablar en su propia asamblea, va a perseguir otras asambleas, dispuestas a escuchar y dejarle comunicar. ¿Qué es lo que se espera de él si no,… ¿callar? ¿como los peces?.

Todo lo que han dicho contra este Ariel y contra muchos otros, puede ser cierto, pero ¿qué sucede con todos los demás, no existe uno sólo…, siquiera uno, que haya pensado justificadamente diferente? ¿Es que nadie tiene derecho a sus 90 segundos de verdad personal, sin que tenga que ser estratégicamente interrumpido?

En realidad, Ariel sólo invitó a que sesenta años de monopolio ideológico hicieran lo suyo: ocupar las palabras de los demás… y en su incapacidad de hablar, estuvo el mensaje más evidente y perturbador.

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