Palazos, comerciales y la aspiración democrática en Miami

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Erich Concepción es un artista y personalidad de las redes sociales, quien atendió a una marcha organizada con el propósito de pedir “financiamiento para la policía”, convocada por el presentador cubano Alexander Otaola. Esta manifestación, cuyo fin era contraponerse a los pedidos del grupo Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan), puede considerarse un acto de respaldo a la reelección del actual presidente estadounidense.

Erich ha sido una figura confrontacional con Otaola y otros influencers de Miami y acostumbra a participar en estas manifestaciones por la calle 8, para después ofrecer sus opiniones sobre qué aconteció.

Cuando Erich cruzaba la calle con un café en la mano, proveniente del Versailles, un desconocido lo interpela: “¿Qué tú haces aquí?”, le preguntó primero y, seguidamente, le ofendió “Tú eres un cochino…”. Erich ripostó “Más cochino serás tú…”, así como le dijo que vivía en un país libre, por lo cual no tenía que dar explicaciones. Acto seguido, el desconocido golpeó a Erich en la espalda con el palo de una bandera Trump 2020, tan fuerte y con tanta saña, que el moretón en la espalda todavía era visible un rato después. Erich y esta persona nunca se habían visto antes de la agresión.

Los tiempos en que ser vinculado con el régimen de La Habana podía implicar que te dispararan en la calle, parece una vergonzosa memoria de la guerra fría; pero un nuevo tipo de radicalismo ha emergido. En esta nueva forma, no es necesario ser vinculado directamente con los comunistas, basta con que defiendas una plataforma de diálogo, o seas del partido demócrata, o seas crítico de los nuevos líderes de opinión o influencers de la derecha de Miami; para que encuentres entusiastas pro-trump, dispuestos a reprimirte a ofensas o golpes. En el propio Café Versailles, que ha sido un símbolo de los cubanos exiliados y su declarada aspiración democrática, parece que ahora te pueden apalear por cuestiones de opinión, tal y como le sucedió a Erich.

El nuevo radicalismo emerge de una fuente muy familiar: las campañas negativas. Erich ha sido víctima de ataques de varios influencers en Miami.

En estos programas de redes sociales, es común que se dediquen segmentos a personas a quienes se les acusa de ser “ciberclarias”, “agentes del gobierno castrista”, etc., justificándolo con que tengan posiciones de diálogo con el régimen de La Habana, o criterios moderados, o anti-embargo, o críticas a los propios influencers. No recuerdo haber visto un trabajo de periodismo investigativo, documentado, que demuestre financiación o coordinación con los aparatos de espionaje de La Habana; generalmente las acusaciones consisten en sospechas o en quién dijo qué, o fotos extraídas de los perfiles de redes sociales, sin mucha atención a los contextos.

El nuevo radicalismo imita una forma de Macartismo tropical, donde cualquiera puede ser presentado como agente castrista, por no estar alineado con los criterios de los presentadores. Si eres un artista y no denuncias en uno de tus conciertos las privaciones de derechos humanos en la isla, también eres sospechoso de comunista y expuesto al repudio colectivo. Erich es uno de los rostros más públicos en confrontación con estos métodos y ha sido víctima de múltiples cuestionamientos.

En cuanto a si existe una verdadera influencia del castrismo, no debe ser sorpresa para nadie que el gobierno de La Habana, efectivamente, despliegue sus agentes en territorio estadounidense. En el 2006, una pareja de profesores de FIU se declaró culpable de ser espías para el régimen comunista. La influencia en la academia a nivel nacional es uno de los temas favoritos de los comentaristas de Miami. Esto para no mencionar las organizaciones de oposición que han sido infiltradas. El problema de la influencia y las medidas activas del comunismo cubano en el sur de la Florida es real y con seguridad es un tema permanente para el FBI.

El problema del macartismo, es que no demanda evidencias. Tal y como modernos juicios de Salem, se producen segmentos de asesinato de carácter y se normaliza, junto a las audiencias, la demonización de seres humanos por sus opiniones. Fue muy sencillo para este seguidor de trump y del discurso de los influencers, golpear a Erich; alguien con quien nunca había compartido en su vida…. Pensemos en cuántas veces lo ensayó en su mente, viendo la imagen de Erich en pantalla, con música seleccionada de fondo y etiquetas políticas, simplificadoras y negativas, dirigidas a su figura.

Es lógico que nos preguntemos a dónde vamos a ir como comunidad, de continuar esta ruta. Erich decía en una directa que tenía medios para defenderse en su auto, o sea, que podía llevar un arma de fuego. ¿Es esto necesario en pleno siglo XXI? ¿En una sociedad abierta y democrática…?¿Es esta la sociedad que estamos ensayando para Cuba?

En este avance del radicalismo, no son sólo responsables las voces incitadoras, sino también todo el que participa de estos espectáculos. Los programas de denuncia anti-comunista tienen mucho sentido en la comunidad del sur de la Florida, no son nuevos y tienen tradición, así como tampoco es nueva la prensa amarillista que persigue los chismes y vida privada de la personalidades públicas. Muchas de las críticas de los influencers al sistema cubano y a la hipocresía de gente abiertamente comunista, pero que disfruta de los privilegios del sistema americano, también están más que justificadas. Lo que yo temo como novedoso y terrible, es la ligereza con que se presenta sistemáticamente a personas de esta misma comunidad, que no son militantes del PCC y se les caracteriza como “comunistas”, “agentes”, “ciberclarias”, con un alcance y una inmediatez alarmantes, un ataque que se convierte en sustancia misma del show.

No hay una aparente intención de estos presentadores de informar a sus audiencias, complejizando las visiones de estas personas a quienes señalan, con matices y argumentos, sino que exacerban el sentimiento tribal y la polarización actuales, simplificando las actitudes y focalizando las reacciones emocionales contra los sospechosos, su carácter y su valor como seres humanos, una especie de coliseo v2.0. No hace mucho uno de estos influencers me llamó “izquierdoso”, como si toda la complejidad de mi forma de pensar, se redujera a esa etiqueta, muy similar a como hiciera el secretario del partido de la Universidad de La Habana, varios años atrás, quien aseguraba que yo era otra operación de la CIA, sólo porque tenía un pensamiento independiente.

Si algo aprendimos de los totalitarismos, es que triunfan cuando sus seguidores aprenden a odiar a sus compatriotas, reduciendo su identidad a caricaturas, asi como cuando están dispuestos a golpearlos y someterlos por motivos de opinión. Sustituir una forma de represión por otra, no es un gran avance. La hegemonía de la paranoia y la censura tampoco son buenas guías para una nación. Si bien muchos de los programas que impulsan estos conflictos son comercializados y, por lo tanto, sus productores generan sustanciales ingresos, lo cierto es que también contribuyen al discurso político de la comunidad y afectan grandemente la sensibilidad de sus audiencias.

Si bien no hay ninguna forma legal o de otro tipo de regular los contenidos de estos productos comunicativos, actualmente, al menos sí podemos tomar consciencia de los efectos que pueden tener y, tal vez como públicos, conociendo el resultado que generan, ejercer una influencia crítica sobre las personas que caen en el hechizo melodramático que conlleva a acciones como la agresión a Erich y a otros.

Para concluir, hay quien afirma que estos programas, a pesar del marco estrecho de lo que consideran políticamente aceptable, han vuelto a politizar la comunidad cubana de Miami, que había caído en un letargo post-Elian. Yo creo que el problema no es la capacidad movilizadora de estos shows o de sus presentadores, sino el exceso de mensajes negativos. Considero que es imprescindible regresar el discurso político de la comunidad al nivel de las ideas, la solidaridad y las aspiraciones; en lugar de seguir al nuevo streamer de la semana y que, en un formato de espectáculo comercial, nos presenten quiénes son nuestros enemigos y demonios de la tarde y cómo, mediante la negación y el castigo al otro que vive entre nosotros, alcanzaremos esa querida libertad.

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