De mujeres, cubanos y la telenovela turca

Quizás el auge reciente de los Incels tenga relación con los constantes mensajes en esa dirección desde el liderazgo en la Casa Blanca. No en balde la congresista demócrata y pediatra Kim Schrier ya en 2018 calificaba sin rodeos a Donald Trump como “misógino jefe”.

 

El término misoginia está formado por la raíz griega “miseo”, que significa odiar, y “gyne” cuya traducción sería mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo relacionado con lo femenino. Ese marcado sentimiento de odio ha tenido frecuentemente una continuidad en opiniones o creencias negativas sobre la mujer y lo femenino y en conductas negativas hacia ellas.

La misoginia está en todas partes. Lo que hace unos años era una acusación radical hoy en día, incluye al sexismo, un término más amable. Así, la misoginia explica la desigualdad social evidente, (por ejemplo, en la brecha salarial), las dificultades para encontrar atención médica adecuada y las prerrogativas de muchos hombres en detrimento de las mujeres e incluso la actitud paternalista que se refleja en el ¨mansplaining¨ (argumento que desacredita a un interlocutor por el hecho de ser mujer).

El término misoginia surgió en el siglo XVII como respuesta a un panfleto anti-mujer escrito por un maestro de esgrima inglesa llamado Joseph Swetnam en 1615 titulado ¨Proceso a las mujeres lascivas, ociosas, desobedientes e inconstantes¨. Era un compendio de chistes sexistas que se hizo muy popular e incluía frases como: “Las mujeres son deshonestas por naturaleza” o “La mujer más bella tiene algo de vulgaridad en ella”.

El desdén hacia las mujeres, también es el motivo por el cual se rechazan ciertos rincones de la cultura popular, desde las novelas de romance o la crítica a las Kardashian y con estos estereotipos  se desprecia cualquier refugio que tienen las mujeres de la misoginia (ya sea la telerrealidad, un régimen de belleza o la astrología).

Así que, en más de un sentido, la misoginia ahora está de moda, pero también tiene una larga historia. Basta mencionar la famosa anécdota del obispo de México que, frenético, ordenaba a sus sirvientes a limpiar las losas del patio que había pisado una mujer en tiempos de Sor Juana Inés de la Cruz. Y menos mal que el Obispo misógino no tenía entonces acceso a internet.

Hoy este fenómeno crece con fuerza en los Incels, una subcultura en el ciberespacio nacida de memes misóginos y canalizado en foros de internet como 4chan, Reddit o Incels.me, en los que promulgan todo su argumentario con descripciones tan tiernas de la mujer como Femoid”/”female humanoid”/”Foid”, algo así como “organismo humanoide femenino¨.

La palabra Incel es una abreviatura de “involuntary celibate”, en español “celibato involuntario”: son hombres que quieren mantener relaciones sexuales pero que no pueden por su aspecto físico, el cual consideran que condiciona toda su vida y perciben como la única manera de poder llamar la atención de una mujer. Los Incels categorizan a las mujeres como Stacy, que es el estereotipo misógino de mujer promiscua, guapa y superficial o Becky, que es una mujer “del montón”.  Y el resto de los hombres son ¨Chads¨, que es como llaman al estereotipo de chico musculado, atractivo y que se acuesta con muchas mujeres, y a los que odian, porque entienden que gozan de la vida llena de sexo y éxito que ellos no pueden.

Y ya sé que pueden pensar que es solo una ficción o un juego. Pero un ejemplo de ese pensamiento es Elliot Rodger, autor del asesinato masivo en Isla Vista en 2014, que antes de cometer el tiroteo publicó un manifiesto de 140 páginas haciendo un recorrido por toda su vida para justificar su odio a las mujeres y los actos que estaba a punto de cometer. En ese manifiesto se percibe un narcisismo obsesivo y se relatan varios episodios de conducta violenta contra chicas que o le rechazaban o, simplemente, mantenían relaciones con otros hombres que no eran él.  Los Incels lo han beatificado y lo llaman Saint Elliot.

Este grupo misógino de los Incels crece como la espuma, sobre todo en Estados Unidos y a partir del 2016. Para muchos no es un secreto que el rechazo a una mujer como presidente de los Estados Unidos tuvo su impacto en la decisión del voto de una parte importante de la población masculina en ese año. Y también de mujeres, que sucumben con docilidad al ¨marianismo¨ de aceptar la minusvalía como un destino definitivo e inapelable. Los datos no mienten: Hillary Clinton no consiguió impulsar el voto femenino que suele ser de mayoría demócrata en Estados Unidos (el 55% de las mujeres dio su apoyo a Barack Obama en 2012 frente al 54% que apoyó a Clinton en 2016).

Quizás el auge reciente de los Incels tenga relación con los constantes mensajes en esa dirección desde el liderazgo en la Casa Blanca. No en balde la congresista demócrata y pediatra Kim Schrier ya en 2018 calificaba sin rodeos a Donald Trump como “misógino jefe”.

Por otra parte, el machismo, la misoginia y la rumba tienen casi la misma tradición entre los cubanos. Y cabría pensar que en un gobierno de izquierdas y laico estas lacras desaparecerían con el ¨hombre nuevo¨.  Sin embargo, en el 2018 las Iglesias Iglesias Bautistas, Evangélicas, Metodistas y Evangélica Asambleas de Dios hacían pública una declaración conjunta para barrer con los derechos de la población LGBT y con las conquistas del feminismo y los movimientos por los derechos de las mujeres. El gobierno mantuvo un silencio cómplice ante esto y solo las activistas feministas Afibola Sifunola Umoja (poeta), Diarenis Calderon Tartabull (curadora y promotora cultural) y Nancy Cepero (artista visual) que conforman el colectivo Nosotrxs respondieron catalogando esa declaración oficial como ¨machista, sexista, homofóbica y excluyente¨.

El pasado Agosto, un conocido periodista oficial, Ernesto Estevez Rams, escribió que probablemente Biden habrá elegido a Kamala Harris por ser negra y en consecuencia, “colera”. Para los que no lo saben, las coleras son mujeres pobres y casi siempre negras que hacen colas y venden los turnos para ganarse la vida en Cuba. Es un fenómeno fruto de la marginalización de un sector de la población en Cuba y el triste resultado de una acumulación histórica de miseria y exclusión, que coloca a algunas mujeres en posiciones muy desfavorables.

Mientras, hemos leído con pasmo en las redes, desde cubanos residentes en Miami, expresiones sobre Kamala Harris no solo racistas pero intrínsecamente misóginas que incluyen epítetos impronunciables y memes insultantes. Y es que cambiar de geografía no elimina los prejuicios que son pervasivos y tóxicos.

Son muchas las coincidencias en este tema entre cubanos a ambos lados de La Florida.

Incluso la tremenda afición por las telenovelas turcas que contradicen todo lo que se sabe respecto a la igualdad de género y evidencian niveles francamente indignantes de machismo, justificación de la violencia doméstica, y desprecio por las mujeres. En La Habana, el público sacrifica lo que no tiene para pagarse el llamado Paquete Semanal donde la telenovela turca de momento ocupa lugar estelar.  Y en Miami, los canales locales alcanzan el pico máximo de teleaudiencia cuando trasmiten Amor Eterno o El señor de los cielos. Para muestra, un botón.

Desconocen, al parecer, estos televidentes cubanos a ambos lados del charco que hay muchos estudios serios que identifican que, en los casos de violencia doméstica, las actitudes y creencias misóginas podrían ser un elemento común y característicamente diferenciador de los maltratadores. Se ha sabido que en 2018 en Turquía murieron asesinadas por violencia machista al menos 337 mujeres. En dos de cada tres casos, el asesino era su pareja masculina presente o pasada, o un pretendiente. Y entre un 15 y un 20 por ciento de los crímenes fueron verificados por un familiar masculino, reflejo de la tradición de los denominados “crímenes de honor” en los que la propia familia, o más bien los miembros masculinos de esa familia, asesinan a una hija o hermana. Y esto solo lo reportan organizaciones civiles mientras el gobierno de Erdogan dicta una ley que permite el matrimonio entre un violador y su víctima para exonerarlo de los cargos penales.

Nada, que somos continuidad ¿No te parece?

 

Fuentes:

¿Cómo luce la misoginia?  Renata Aron Marzo 2019 The New York Times

¿Qué son los Incels? ¿Por qué se han convertido en un problema social en EEUU? Jorge Moreno Menzig Marzo 2020

Frenar la misoginia no es cosa de mujeres. Berna Gonzalez Harbour El País Nov 2016

Violencia de Genero y Misoginia Victoria A. Ferrer Pérez y Esperanza Bosch Fiol Papeles del Psicólogo, 2000. Vol. (75).

Meme de periodista de Granma indigna en las redes  Darcy Bo  ADN Cuba Aug 2020

 

 

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