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Elecciones 2020

Donald Trump contra el Partido Republicano

Ex-governador y ex-candidato presidencial republicano John Kasich, en apoyo a Joe Biden

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No solo los políticos del Partido Republicano han perdido popularidad en el último año, algunas ideas conservadoras puede que también.  Según este artículo de Gallup (de hace menos de un mes), más norteamericanos desean mayor intervención del gobierno en los problemas del país y, en el reverso, confían menos en la capacidad individual y la iniciativa privada para resolverlos.

Se puede deducir que este cambio en la opinión pública no se debe únicamente a la poca confianza que ha inspirado el presidente Donald Trump durante el 2020. La sensación de amenaza y el temor provocado por la crisis del Coronavirus probablemente han tenido mucho que ver –una de las peores entre los países ricos. Pero es más probable que sean las deficiencias de la actual administración las que más han influido en el cambio de percepción. Según la gráfica de Gallup se puede ver que hay un primer cambio de tendencia en el 2016 –precisamente el primer año de mandato de Donald Trump- y luego, otro mucho más pronunciado entre el 2018 y el 2019, antes de que comenzara la crisis del Coronavirus.

Así, también aquí el gobierno de Donald Trump podría terminar provocando consecuencias inesperadas, algunas contrarias a los propios principios del GOP. La sospecha no es nueva. Varios líderes republicanos -Collin Powell, Mitt Rommey, John Kasich entre otros- han hecho públicos sus desacuerdos con el actual Presidente y han expresado preocupación de que los “éxitos” inmediatos de Trump terminen perjudicando las bases y los intereses del partido. No es extraña tampoco la acogida que han tenido algunas plataformas que, partiendo del propio conservadurismo, trabajan contra la re-elección. Una de estas iniciativas, Republicans Voters Against Trump, afirma en su página web que “a pesar de las afirmaciones del presidente de que cuenta con el apoyo total del partido, hay millones de votantes que solían ser republicanos fieles pero que están disgustados con la administración de Trump”[1]. Otra, The Lincoln Project, define su misión en los siguientes términos: “No emprendemos esta tarea a la ligera ni por preferencia ideológica. Nuestras muchas diferencias políticas con los demócratas permanecen. Sin embargo, la prioridad para todos los estadounidenses patriotas debe ser la fidelidad compartida a la Constitución y el compromiso de derrotar aquellos candidatos que hayan abandonado sus juramentos constitucionales, independientemente del partido”[2]

Según el mismo artículo de Gallup, la última vez que ocurrió un fenómeno similar -deseo mayoritario de intervención del Gobierno Federal- fue después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Ahora, de nuevo, más ciudadanos buscan más resguardo, precisamente cuando menos lo encuentran. Una responsabilidad que se ha mantenido siempre entre las principales funciones del gobierno en los Estados Unidos, compartido por la mayoría de los ciudadanos y por los dos partidos. Incluso en los períodos presidenciales menos intervencionistas, no importa cuánto se haya querido disminuir la presencia del Estado, siempre se ha esperado de este que sea una especie de recurso de última instancia, una “última línea de defensa” contra las amenazas externas y naturales -como es el caso del Coronavirus.

Este es el peligro de las posiciones extremas, tan habituales en el fenómeno político Donald Trump. Pueden tener éxito a corto plazo, pero a la larga estimulan la reacción opuesta y pueden provocar que la opinión pública regrese, con más fuerza, a posiciones mucho más “incómodas” de las que partió.

[1] “Despite the president’s claims that he has the total support of the party, there are millions of voters who used to be reliable Republicans but are disgusted by the Trump administration” (https://rvat.org/about-us/ )

[2] “We do not undertake this task lightly nor from ideological preference. Our many policy differences with national Democrats remain. However, the priority for all patriotic Americans must be a shared fidelity to the Constitution” and a commitment to defeat those candidates who have abandoned their constitutional oaths, regardless of party” (https://lincolnproject.us/ )

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Soy Doctor en Filosofía por la Universitat de Barcelona, especializado en temas relacionados con la comprensión del presente y los retos de la cultura y la política contemporánea. He codirigido dos libros, he publicado varios artículos y he impartido cursos y conferencias en instituciones culturales y educativas de Cuba, Chile, España y Estados Unidos.

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