El dominó de Obama: análisis de dos mitos

    Con la proximidad de noviembre, muchos cubanos la presentan como una elección -más allá de los consabidos tópicos de “ventana de café”: “socialismo” o “nacionalismo”-entre la visión de Obama sobre Cuba y la de Trump. Comenzaremos aquí con el significado de aquella visita, la primera de un presidente norteamericano al país desde 1928.

     El más recurrente argumento en Miami, es que ésta legitimó al gobierno de Raúl Castro, nombre proscrito en la ley Helms Burton. Sí, hubo legitimación, pero no absoluta. Obama reconoció que la transición cubana es como ese juego de dominó que tuvo con el humorista Silva, un proceso “trancado” jurídicamente por la reforma de 2002 a la constitución de 1976. Por eso apelaba a los jóvenes y no les pedía que derrumben lo establecido, sino que edificaran algo nuevo. No estaba proponiendo alguna forma de gobierno específica, sino que un nuevo orden jurídico asegurara derechos universales y prosperidad desde una perspectiva propia. En otras, palabras-y así lo interpreto-un llamado a la renovación sin fijar más límite que el de los valores, no el de las formas. Debe recordarse que ya Bush en el 2002, había dicho que, si la Asamblea Nacional aprobaba el Proyecto Varela, colaboraría con el Congreso para comenzar a levantar el embargo. Lo cual implicaba, de hecho, reconocer a la Asamblea Nacional.

    Por supuesto, el discurso no fue del agrado de los inmovilistas, los que dijeron que Cuba “ha sido libre desde 1959”. Llegaron a afirmarlo desde las páginas de los mismos diarios en los que se diera a conocer, como un gran acontecimiento que por primera vez se publicaba 1984 de George Orwell pero ni una palabra sobre la reedición de Fuera de juego de Heberto Padilla o de Rebelión en la granja del propio Orwell.

   La lista de literatura censurada sería interminable porque si algo no ha contemplado la ley que autoriza a establecer cooperativas no agropecuarias es la de formar editoriales o gestionar las ya existentes con esa forma de gestión no-estatal. Quizás los que, desde la prensa oficial cubana, se lanzaron al combate contra Obama, se referían a los conocidos derechos económicos que no es lo mismo que la libertad que suponían tener desde 1959. Por solo entender estos de manera económica: en Cuba, la mayoría de los campesinos, agrupados en cooperativas semi-estatales- no pueden fijar libremente sus precios. Además, si es usted universitario, lo más probable es que no pueda ejercer su profesión por su propia cuenta.

Por supuesto, el concepto de socialismo vigente en Cuba es el del control rígido del Estado sobre los productores, fijando los precios de acuerdo con sus criterios. Lo lamentable es que nadie en esa prensa oficial en Cuba pudo sacar inspiración para al menos entender que Obama no estaba hablando exclusivamente del dilema unipartidismo-multipartidismo sino de algo más profundo. Y no sé qué elecciones se afirmaba por esta prensa que ya habían ocurrido en Cuba si el propio Raúl Castro señaló que, por primera vez, se permitiría que los altos cargos, como la presidencia del Consejo de Estado podía ser ocupada por alguien que no militara en el PCC, lo cual muestra cual sido la regla hasta entonces y de hecho, lo sigue siendo. Eso dijo en el pasado VI Congreso del PCC pero desde entonces no se ha vuelto a hablar del asunto.

   No puedo dejar de mencionar que contrario a lo que un periodista independiente o por cuenta propia, oficio no autorizado aún- especulaba entonces, el hecho de que los alrededores del monumento al Maine estuvieran siendo remozados no implicaba que nuevamente este diera homenaje a las víctimas del siniestro que aceleraría el fin del colonialismo español en Cuba. Obama depositó su ofrenda en el monumento a José Martí pero no hubo flores para las víctimas del hundimiento del Maine, quizás como forma de marcar distancia de un acontecimiento que ha sido ligado al nacimiento del antiguo imperialismo norteamericano y que en Cuba se hace perdurar como fenómeno histórico más allá de Roosevelt.

    Con esta omisión simbólica aparece aquí el segundo argumento, el del exilio suave compartido por cierta disidencia en Cuba. Y es la de Obama como progresista en política exterior frente a la “tradición de imperialismo”. El verdadero socialista frente al socialismo irreal de Raúl Castro: Obama, quien se atrevió a desafiar el embargo apoyado por una parte de los grandes empresarios de su país y va a Cuba.

    Tuve tiempo entonces de leer el discurso de Coolidge en La Habana en 1928 y pensar en los inevitables paralelos y diferencias entre aquella visita en 1928 y la de 2016. El general Machado había asumido cuatro años antes, la presidencia por el Partido Liberal prometiendo acabar con la Enmienda Platt e iniciado, con la instalación de una Asamblea Constituyente en 1927 su prórroga de poderes, efectuada dos meses después del paso de Coolidge por La Habana.

   En esta visita, Obama aparentemente lució más como Roosevelt que como Coolidge. Después de leer el discurso del entonces presidente americano- donde declaraba que Cuba era un país libre y soberano, ignorando por completo la Enmienda Platt, quizás porque hacía entonces más de diez años desde que EE.UU desembarcaran tropas en alguna de las guerras civiles de la Primera República y de hecho casi veinte del fin de la segunda intervención; sólo puedo preguntarme: ¿Qué hubiera pasado si el entonces presidente americano hubiera dicho: yo no tengo facultad ejecutiva (no la tenía de hecho) para abolir la Enmienda Platt pero como signo de buena voluntad y deseo de respetar la soberanía cubana (a tono con la Sexta Conferencia Panamericana) me abstendré de intervenir para sacar a Machado del poder que había violado la constitución de 1901, haciendo uso de mis facultades ejecutivas, lo que de hecho sucedió.



  Sería Roosevelt quien establecería la mediación para sacar a Machado del poder y amenazaría con usar la Enmienda Platt, o sea intervenir, si Machado no renunciaba en 1933. Esta amenaza de un presidente demócrata aceleraría la caída del dictador por un golpe de Estado en agosto de ese año-tal y como puede leerse en Cómo cayó el presidente Machado de Lamar Schweyer. Obama, al negarse a usar sus facultades ejecutivas para aplicar el embargo y abrir el camino de la normalización, más que siguiendo exclusivamente una tradición demócrata inaugurada por Roosevelt-en lo del buen vecino-, puede también heredar de la de los republicanos de la primera posguerra del siglo XX, como es el caso de Coolidge. De manera que estamos frente a dos mitos. La visita de Obama a Cuba no es ese progreso tan radical absoluto frente a la visita de Coolidge ni la legitimización del gobierno actual de La Habana.

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