EL MSI y el Estado bajo asedio

Si bien lo acontecido en San Isidro y luego en el N27, es en parte la respuesta a una política de regulaciones para micro-controlar la expresión en Cuba, también es evidencia de que una política agresiva de parte de los Estados Unidos, provoca  confunción dentro de la isla sobre quién determina la agenda política al desatarse estos conflictos.

 

Existe una política activa de cambio de régimen en Cuba por parte del gobierno de Washington. No es un secreto. La mayoría de los estados del mundo ven con suspicacia esta posición, lo muestran en sus votaciones contra el Embargo estadounidense en la sede de las Naciones Unidas todos los años. No quieren otras Libias, no quieren ser ellos los próximos.

Según muchos simpatizantes del gobierno cubano, el encarcelamiento sumario de Denis Solís y el asedio al Movimiento San Isidro (MSI), están justificados como una estrategia de defensa de la soberanía nacional ante los Estados Unidos. Para ellos, es más importante defender los derechos del estado cubano, que considerar el también ejercicio de fuerza asimétrico y probablemente injusto, por parte de la policía contra los activistas. De provocar el estallido social, asumo, estarían en juego la vida y la salud de millones de cubanos.

Es en este punto donde podemos ver a varios defensores del N27, distanciarse del MSI, según sus textos en redes sociales. Incluso el NTV ha diferenciado entre ambos acontecimientos, ofreciéndole legitimidad a lo acontecido frente al Ministerio de Cultura, aunque ese N27 difícilmente habría acontecido sin que la policía interviniera en Damas 955, en el barrio de San Isidro… También muchos participantes del N27, e incluso participantes de la reunión convocada por el propio ministerio días después, cuestionaron el uso de la fuerza policial contra los artistas independientes devenidos huelguistas. 

“Mercenarios” es como ha caracterizado la oficialidad a los integrantes del MSI, pero varios de los integrantes de ese movimiento estuvieron también en el N27. Hasta el momento, ninguno ha sido procesado por mercenarismo, ni se han publicado los métodos o cantidades en que son pagados. Al parecer, es suficiente considerarlos como tal porque hablen por el Canal 41, o realicen performances con la bandera nacional, o que uno de ellos diga que su presidente “Es Donald Trump”.

En un video transmitido ayer por el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana, se seleccionaron fragmentos de un par de directas de Iliana Hernandez, participante de la huelga en San Isidro. Según Iliana, si Trump ganaba las elecciones, la oposición en Cuba tendría posibilidades de “hacer más de lo que hacen”… , así como también reconoció haberse encontrado con funcionarios de la embajada estadounidense, aunque sólo para obtener muestras de solidaridad y preguntar cómo podrían ayudarla. Parece que para el presentador del NTV, esto cumple el estándar de la carga de la prueba. 

Viví en Cuba por más de treinta años, suficiente para saber que no es necesario involucrarse con los estadounidenses para sufrir consecuencias por tus opiniones políticas. No es de sorprenderse entonces, digo yo, ante la imposibilidad de oponerse institucionalmente, que algunos de los excluídos busquen apoyo en el enemigo de su enemigo. Por supuesto, la historia negativa de intervenciones militares y diplomáticas, así como ataques terroristas promovidos por las agencias de inteligencia del gobierno estadounidense contra los cubanos, obviamente, representa un nudo en el estómago para cualquiera que decida acudir por su respaldo; pero, honestamente, qué se espera que hagan ante la exclusión… obedecer y desaparecer?

Eliminar esa mentalidad la “plaza sitiada”, creo que es el primer paso necesario para una democratización de Cuba. Para esto, el gobierno estadounidense debe abandonar su persecución activa de un cambio de régimen y permitir que el futuro de Cuba recaiga únicamente en los cubanos. Esto incluso es una mejor política para los estadounidenses. No hay otra vuelta de tuerca, quienes piensan que el Embargo-Bloqueo limita los recursos para la persecución policial en Cuba, consideren que no hace falta tanto para ejercer el control social. Norcorea es el ejemplo vivo, con una economía en ruinas y aún así, con medios suficientes para reprimir a todos los niveles, tal y como lo han señalado otros colegas con anterioridad.

Por otro lado, un estallido social provocado por hambre y carencias, no es garantía de la democratización, como lo han evidenciado otros países que acabaron sometidos a dictaduras militares. Sin instituciones apropiadas que lo controlen, el caos puede beneficiar a cualquiera, sólo hay que preguntarle a un cabo taquígrafo llamado Bastista. El ejemplo del N27 y cómo algunos acabaron respaldando tímidamente a todos los actores involucrados, debería ser evidencia suficiente de cómo esta política, lejos de avanzar la democratización de Cuba, puede resultar contraproducente.

Hay que eliminar la justificación de la “plaza sitiada”, toda oposición tiene que ser vista simplemente como lo que es: un recurso con el que cuenta la sociedad para corregir su rumbo y no una amenaza a la vida de sus ciudadanos. Hay quien alega que, después del embargo, ofrecerán otra justificación, pero creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que ninguna otra podrá tener la carga histórica del Embargo. Esto no quiere decir que no deba pedirse la totalidad de libertades civiles para los cubanos, independientemente de cuál sea la posición de Estados Unidos; pero de mantenerse la política abierta de cambio de régimen, seguirá siendo muy fácil confundir sobre quién impone la agenda.

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