El socialismo según Eliécer

El autor nos recuerda que comparar a la manera del líder de “Somos Más” al socialismo (de corte marxista-leninista), con algunas políticas de “estado de bienestar” hoy propuestas por el partido demócrata, es como regresar a aquella historia donde Platón definió al hombre como el animal bípedo y sin plumas, lo cual condujo a Diógenes a tomar un pollo y desplumarlo para luego exclamar: ” He aquí el hombre”. 

 

Que treinta años después de la caída del muro de Berlín todavía se siga hablando de socialismo identificándolo con los términos del “socialismo real” o soviético o maoísta da para algo mucho más extenso que este post. No se trata aquí de escatimar la discusión que me ha llevado a escribir estas líneas sino de anotar la sorpresa por estar aun atrapados por un cadáver o quizás un fantasma, como le gustaba al propio Marx definir al comunismo, algo que no era verdad cuando lo escribió, pero si luego del fracaso de la perestroika.

La joven hornada de exiliados y algún que otro opositor ha traído en los últimos meses hasta la repetición delirante que el Partido Demócrata es socialista, pero esto no es lo más chocante, sino que el socialismo que según estos el partido profesa es el socialismo inspirado en el marxismo leninismo, aquel basado en una clase obrera, vanguardia de las demás clases “oprimidas” bajo el capitalismo y cuya representación era a su vez un partido. Este socialismo era el periodo de transición al comunismo, periodo que en todos los intentos del siglo XX se extendió entre 30 y 70 años, nunca más, hasta ser reemplazado por el capitalismo y colapsar o transformarse y dar lugar a regímenes de capitalismo de Estado como los de China y Vietnam.

¿Que definía entonces el comunismo si este era el fin y el socialismo solo un medio? Marx lo expresaba con una frase que ha sido usada una y otra vez por sus partidarios contemporáneos: “El movimiento que anula y supera el estado de cosas presente”. Por supuesto de esta definición como se leía por los marxistas latinoamericanos – que tienen más de teóricos poscoloniales que de marxistas- se reparaba en el “movimiento” y un poco más en “anulación” pero muy poco o se suprimía la parte de “superación”. Esta es dicha de modo vulgar la variante del anticapitalismo que hace énfasis en el carácter de anulación.

El anticapitalista lo mismo puede ser un marxista incompleto o alguien que tiene nostalgia del periodo anterior al capitalismo porque solo se queda con la parte negativa de lo que decía Marx. Ahora, nadie podría definir en que consiste dicha superación porque hasta ahora el capitalismo no ha sido superado, ha mutado, ha sido reformado, pero no se vislumbra ni a nivel teórico otro sistema social que lo reemplace, comenzando porque esto es una discusión que involucra a la filosofía y a la sociología. Solo para quien el materialismo histórico sea una especie de ley científica newtoniana, ni siquiera en el sentido de Hawkings que limitaba sus teorías a la validez del principio de incertidumbre de la física cuántica; puede significar el socialismo un sistema social diferente (no ya superior) al capitalismo. De ahí que me recordó aquel famoso diálogo entre el ciego y el tullido aquel discurso del presidente Trump donde decía “América nunca será socialista” escuchado con visible aire de desaprobación por Bernie Sanders. Como es sabido el ciego pregunta al tullido: “¿Cómo está?” Y este responde: “Como Ud puede ver”.

Contrastemos entonces la frase de Marx con la de uno de los más conocidos ideólogos de la socialdemocracia, Eduardo Bernstein quien años antes de que Lenin rompiese con la Internacional Socialista-Lenin antes de llegar al poder ya había roto con los socialistas, léase socialdemócratas – consideraba que Marx debía ser revisado, que no iba a sobrevenir una “crisis general del capitalismo” o sea, una que lo hiciera colapsar ni mucho menos fuese necesaria una “dictadura del proletariado” o de la mayoría sobre la minoría, no ya de un partido que representara a este.

La frase más conocida de Bernstein para exponer esto fue: “el movimiento es todo, el fin es nada”. Si el fin era en Marx “anular y superar”, para Bernstein este fin no era algo que no podía subordinarse a los medios. En otros términos, se trataba de una quimera colectivista sin base científica. De ahí que la última vez que la socialdemocracia europea propuso nacionalizar algunas grandes industrias -y nada comparable al colectivismo soviético-. fue al terminar la Segunda Guerra Mundial en Gran Bretaña. Ni siquiera Felipe González se lo planteó al llegar a presidir el gobierno español en 1982, ahí están sus diálogos impresos con Juan Luis Cebrián[1]. Pensemos, en cambio, en la constitución cubana que todavía pone en el Partido Comunista la misión de alcanzar los “altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia el comunismo” fines que ya movían a risa o a pena a los socialdemócratas o, al menos, los alemanes desde hace alrededor de un siglo. Si alguien que hubiera compartido esta visión de Bernstein hubiese estado en el Congreso durante aquel discurso del señor Trump, hubiera quizás respondido: América no saldrá del capitalismo, pero este de ahora no necesariamente es el mejor de los capitalismos posibles. Pudo haber sido la salida de una estéril discusión.

Si alguien piensa que el Partido Demócrata busca nacionalizar las grandes o medianas empresas y bancos o eliminar el derecho a la herencia o planificar la producción-típicas demandas del Manifiesto Comunista-, debería también tomar en cuenta como esto contradice el mensaje de Steve Bannon (ideólogo de la actual administración) de que dicho partido representa al gran capital. Lo que de socialista tienen las diferentes tendencias dentro del Partido Demócrata es lo relativo a los impuestos para subvencionar el estado de bienestar, lo cual merecería otra discusión. Identificar el “big government” a la manera del líder de Somos Más con el socialismo (de corte marxista-leninista) es como aquella definición del hombre dada por Platón como el animal bípedo y sin plumas que llevara según cierta historia, a Diógenes a tomar un pollo y desplumarlo para luego exclamar: ” He aquí el hombre”.

[1] El futuro no es lo que era. Una conversación. Aguilar, 2001.

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